La gamberra de Eva no paró de darme sustos aprovechando el ambiente lúgubre de las ruinas, que supongo que es la parte del Monasterio que no les llegó para arreglar.
Estuvimos a punto de saltar al jardín que rodea el claustro, pero habían visitas y la pillada era segura, así que nos conformamos con verlo desde fuera.

Luego fuimos a visitar los museos del vino y del chocolate y ohhhh, gran decepción, mucha teoría pero de producto nada de nada, así que nos piramos pronto a curiosear los jardines.

Cerca de la pisci había una gran explanada de césped llenita de lo que mamá llama 'abuelitos' y que dice conceden deseos cuando los soplas. Que os voy a contar, no dejamos ni uno vivo.
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