Hemos estado toda la semana pasada de vacaciones en las fiestas del pueblo y, aunque ya llevamos 2 años yendo, las cosas han cambiado: ahora nos dan susto los petardos, bailamos como locas cuando pasan las bandas de música (aunque sea en solemne procesión) y hemos aprendido a pedir y recoger a velocidad de vértigo las chuches y juguetes que tiran en las carrozas.
Lo de Inés es de traca, la conoce ya todo el pueblo por su particular forma de bailar y por saludar y dar besos 'a to quisqui' por la calle. Es la debilidad de los más mayores del pueblo, ya tiene lista de espera para adoptarla.
Por la mañana desayunamos y almorzamos gusanitos, por la tarde merendamos gusanitos y por la noche...., efectivamente, más gusanitos. Y es que en este pueblo en vez de agua llueven bolsas de gusanitos a toda hora.
Con tanto estrés festero, no hay nada como un sano almuerzo en el parque a base de agua y fruta a la sombra de un árbol y con la brisa campestre .
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