La semana pasada fue nuestro quinto cumpleaños, y claro, como viene siendo habitual, lo hemos celebrado con familia y amigos por separado.
Con lo amigos celebramos fiesta en el castillo rosa de princesas que es lo que más nos gusta a nosotras y a nuestras amigas. Este año se han apuntado hasta los chicos a disfrazarse de príncipes.
Creo que este tren nunca ha estado tan lleno. Al pobre le costaba moverse.
Esto de soplar las dos a la ver es muy complicado, hemos tenido que soplar tres veces para apagar la vela de forma coordinada.
No me lo puedo creer, ¡el patinete doble que tanto me gusta!. Y ahora, ¿cómo cojo yo ese pedazo de caja con lo pequeñaja que soy?, tendré que pedirle ayuda a mi hermana Eva.
¡El Furby que tanto me gusta! y encima rosa, mi color favorito. Verás las charlas que le voy a dar al bicho.
9 de junio de 2014
Cerezas 2014
Este año hemos repetido la excursión a los campos de cerezas para ahorrarnos el postre al menos diez días.
Este año ha habido mogollón de afluencia de amigos con sus papás, éramos más de veinte almas, a este ritmo vamos a montar una agencia de viajes campestres.
Toma!, he cogido cuatro de un tirón y sin despeinarme.
Qué cara tienen los mayores, mira que decirnos que comemos más de las que cogemos. No sé por qué dicen eso.
A ver, las que midan menos de un metro recogen las del suelo, y las más altas las de los árboles.
Vaya!, pues parece que los peques no se lo han tragado, aunque había que intentarlo.
Al finalizar la cosecha, nos fuimos al merendero de lo alto de la ermita del pueblo a zampar y jugar con los columpios. Desde allí las vistas eran espectaculares y no pude evitar echarme un pis para ver si llega hasta el pantano.
Este año ha habido mogollón de afluencia de amigos con sus papás, éramos más de veinte almas, a este ritmo vamos a montar una agencia de viajes campestres.
Toma!, he cogido cuatro de un tirón y sin despeinarme.
Qué cara tienen los mayores, mira que decirnos que comemos más de las que cogemos. No sé por qué dicen eso.
A ver, las que midan menos de un metro recogen las del suelo, y las más altas las de los árboles.
Vaya!, pues parece que los peques no se lo han tragado, aunque había que intentarlo.
Al finalizar la cosecha, nos fuimos al merendero de lo alto de la ermita del pueblo a zampar y jugar con los columpios. Desde allí las vistas eran espectaculares y no pude evitar echarme un pis para ver si llega hasta el pantano.
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