Y por fin llegó el gran día de la etapa, por primera vez nos dejaron asomarnos al balcón y descubrimos que en realidad no vivimos en una ciudad con neblina; sin cristales se ve todo con más color. El caso es que nos encaramamos a la barandilla para animar como hoolligans a todos los grupos de bicis que pasaban, aficionados incluídos, y lo pasamos pipa gritando y aplaudiendo.
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