Los largos pasillos llenos de cuadros con monjes con cara de irte a confesar de un momento a otro tampoco ayudaban, pero todo iba a cambiar...
Empezamos por un reconocimiento a la habitación, especialmente las camas, de las que Eva es experta en poner 'a punto'. Increíble, ¡los colchones eran de muelles! y no veáis cómo disfrutamos saltando en ellos.
Luego, tras soltar las maletas en la habitación, empezamos a reconocer los alrededores y ¡sorpresa! había una superpiscina en medio del bosque, así que nos pusimos manguitos y bañador y nos lanzamos como locas al agua.
Pero ahí no acabó la cosa, una vez nos cambiamos la ropa y salimos a seguir inspeccionando nos encontramos ¡un parque de juegos! y además sin casi peques con los que pelearse por subir.

¡Buff, que agotamiento!, en un mismo día: viaje, saltos en colchón, piscina, parque y carreras, no se si sobreviviremos 4 días más.
Mejor nos vamos ya a cenar al restaurante un platazo de hipopótamo o tiburón, que seguro que con tanta agua habrá muchos por aquí.
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