27 de agosto de 2013

Vacaciones: Prullans

Al día siguiente nos dirigimos a nuestro nuevo destino en el Pirineo Catalán: Prullans.
El sitio era precioso y nuestra habitación con altillo nos encantó y a nuestros padres más porque así mantenían un poco de privacidad, que lo de dormir todos juntos es divertido al principio pero los bofetones que da Inés cuando sueña no se soportan y mis patadas creo que tampoco.
Tras soltar las maletas, nos fuimos a hacer un reconocimiento general del hotel. Lo primero que vimos fue el parque de juegos donde iniciamos los primeros contactos con otros niños.

Y como no, cuando vimos la piscina subimos disparadas a por el bañador para estar a remojo toda la tarde y luego tiradas en la tumbona con unas vistas espectaculares.
Pero lo mejor fue poder meternos en el Spa con nuestro padres, ya que dos días a la semana dejaban entrar a los peques.
Empezamos con un recorrido por un camino de piedras, que la verdad, no se que beneficio tiene clavarte piedras en los pies mientras unos chorros te los hielan o te los achicharran.


Luego nos fuimos a una habitación con varias duchas de chorros que suponemos a los mayores les va bien porque cada chorro sale a una temperatura y entre todos se puede soportar, pero nuestra altura hacía que sólo nos tocaran o los fríos o los calientes y fue bastante difícil de soportar.
Para compensar tanto sacrificio nos fuimos a la piscina relax con cascada y lucecitas de colores relajantes, bueno, desde que llegamos nosotras y otros niños más ya dejó de ser relajante para convertirse en estresante. Ahí empezamos a entender el motivo de no dejar pasar a los menores.
Y para finalizar el recorrido, subimos al jacuzzi de la terraza, que es una bañera redonda con muchas burbujitas que hacen cosquillas. Nos recordó a una temporada que andábamos algo perjudicadas de las tripas.
Pero no penséis que todo fue relax y vaguear. Todos los días hacíamos alguna excursión por los alrededores para movernos un poco y bajar las comilonas que nos pegábamos en el buffet.

La primera y que más ilusión nos hizo fue la de los tipis indios ya que en el cole hemos aprendido mucha teoría sobre este tema y teníamos ganas de verlos en la realidad. Sólo disfrutar por el camino de ver los caballos sueltos por la montaña ya valió la pena.

Luego el jefe indio, Pau, que más tarde se convertiría en el primer amor platónico de mi hermana Inés, nos explicó algunas cosas sobre el sitio, la naturaleza y los animales que iban por allí.
 Aquí esta Pau enseñándonos como se cierra el tipi ante la insistencia de Inés que todo lo quiere saber.
El día más duro de caminata fue la excursión al molino, aunque hay que reconocer que valió la pena ver las cascadas y bañarse los pies en el agua helada.
 A mi hermana Eva, lo de congelarse los pies no le gustó nada.

Otro día nos bajamos a una granja para ver esquilar las ovejas. Además aprovechamos para ver otros animales y subir en pony.
Jo la pobre no se cómo aguantaba con ese pedazo de abrigo de lana en pleno agosto. Se habrá quitado 5 kilos del tirón y unos 10 grados de temperatura. Eso sí que es una operación bikini en toda regla.
Arre caballito, arreeeeeee
Caray, cuantas palancas tiene este trasto y encima los pies no me llegan a los pedales. Definitivamente, esto no es para nosotras.
 A estos patos ya les hace falta cambiarles el agua que como le peguen un trago se vuelven verde fosforito.
Una mañana en el desayuno, vino la mascota del hotel a ver a los niños. A Inés se le cayó la baba porque se la trajo 'su Pau'.
 Maldición, ¿dónde ha ido a parar la pelotita?.
La barbacoa en el jardín acabó en fracaso, primero porque del miedo apenas llegábamos a empujar la comida, quedándose quemadas por un lado y crudas por el otro. Luego, cuando por fin papá puso orden y llegó la comida a la mesa, se unieron al banquete un enjambre de avispas. Al final, al bar.
 Mirad el autobús de línea del pueblo...Que no, que es broma, que le faltan los caballos.


No hay comentarios:

Publicar un comentario