Inés quería hacer una tarta de chocolate y yo un bizcocho de naranja. Como no teníamos bastante chocolate y sí dos kilos de naranjas algo pasaditas, pues decidido.

A mi hermana Eva no le hizo ni pizca de gracia que me uniera a su creación justo al final cuando ya estaba todo hecho. Pero bueno, digo yo que llevarlo de la mesa de la cocina al horno sin que se caiga también tiene su mérito.
Luego nos fuimos a casa de los yayos y el tío a celebrarlo. Primero con su tarta de chocolate...
Y luego con la nuestra de naranja. Entre intentos fallidos y fotos, soplamos hasta casi caer mareadas.



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