Este año hemos ido por primera vez a ver los fuegos artificiales de la Olla de Altea. La experiencia ha valido la pena ya que nos lo montamos muy bien y disfrutamos de lo lindo viviendo muchas nuevas experiencias.
La primera sorpresa fue que por primera vez cogimos un tren y no el coche. la verdad es que no fue tan impresionante, al final, como dice Inés, sólo es un autobús grande y sin ruedas.
Una vez que llegamos allí nos fuimos a un chiringuito junto al mar. La música de fondo ayudó a amenizar la cena.
Y al finalizar la cena... nos quedamos dormidas una horita hasta que los ruidos de los fuegos artificiales nos despertaron. Fue el mejor despertar de nuestra vida, abrir los hojos y ver el cielo lleno de brillos y palmeras de colores no tiene precio.
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