La primera desmostración la hemos hecho en la piscina, donde hemos hecho carreras con churros grandes, pequeños y sin ellos porque alguno lo ha perdido a mitad camino.
En fin, lo de carreras es mucho decir, porque entre que yo iba saludando a mis padres y llegaba cuando mis compis ya habían hecho dos largos y que Inés en vez de rectas hacía tirabuzones y salía por donde le daba la gana, más bien parecíamos peces en un estanque, cada uno a lo suyo. Menos mal que nuestra amiga Alejandra cumplió como una campeona y no quedamos tan mal.
Como despedida de la piscina teníamos que hacer un salto bomba sincronizado seguidos uno tras otro, como las de la tele que bailan en el agua. El resultado fue más bien como un ataque masivo de bombas en Afganistán, sin orden y unos encima de otros, eso sí, el grito de ¡Feliz Verano!, parece que si que se oyó. La estricta disciplina inglesa todavía no corre por nuestras venas, y menos mal que no estamos en Inglaterra, sino nos deportan.
Después de la piscina, nos fuimos a clase a hacer una demostración de lo que hemos aprendido de inglés, básicamente cantar un montón de canciones con coreografía y con las que disfrutamos todos como enanos, bueno todos no, porque a mi hermana Eva le entró el miedo escénico y se quedó acurrucada en una esquina con cara de 'que alguien me rescate por favor', y ahí se estuvo toda la actuación.

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