Por fin ha llegado el calor y las tardes se hacen insoportables, menos mal que tenemos nuestra pequeña piscina para superar el bochorno. Pasamos tanto rato nadando que salimos desteñidas y con las manos arrugadas como pasas.
La pobre de Inés, entre la poca chicha que tiene y que salimos cuando ya no había casi sol, estaba temblando de frío al salir. Le pusimos todas las toallas que teníamos y más que mi hermana parecía una momia pitufa.

No hay comentarios:
Publicar un comentario