Lo primero que hicimos fue ir directas al agua, que a esas horas esta calentita y sin gente y se está genial.
Tras no parar de hacer las gamberras saltando las olas y jugando a pillar, nos merecimos un buen tentempié: empanadillas, tortilla de patatas, snaks, pizza... algunos rebozados de arena playera, puag!.
Luego sacamos del coche el súper telescopio. En vez de ir a ver la luna y las estrellas parecía que íbamos a lanzar un misil tierra-aire, ¡vaya pedazo de tubo!. Que ese día no hubiera Luna fastidió bastante la velada, pero enfocamos a la cruz de la montaña y nos apañó igual.
Nuestra escasa altura dificultó un poco la visibilidad y como la sillita que nos pusieron era bastante inestable, alguno acabó haciendo la croqueta.

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