Hoy, de aperitivo previo a la cena, ¡aceitunas sin hueso!. Son mis preferidas porque se pueden convertir pinchadas en un dedo en un micrófono para cantar, en unas baquetas para tocar el tambor cuando se pinchan en los palitos de pan, y en mi preferida ¡la mano de rana!
Pero el juego se acabó cuando vino la implacable censura de mamá, que me las ha hecho comer una a una y me ha soltado la frasecita de turno: "con la comida no se juega". Pues vaya rollo, se va a enterar cuando llegue la temporada de melones.
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