
Luego nos fuimos a conocer a Martina, la hija de una compi de trabajo de mamá, que a pesar de tener sólo 2 meses ya nos echó unas sonrisas. Ay!, que tiempos aquellos en los que sólo nos dedicabamos a comer y dormir...y llorar, y llenar pañales, y llorar, y eructar y llorar, ¿hemos dicho llorar?, pues eso.
Para comer nos juntamos con más compis y su prole que, aunque eran un poco más mayores, nos adaptamos bien y lo pasamos pipa imitando todas las maldades que a nosotras todavía no se nos habían ocurrido. Ya hemos tomado buena nota para cuando crezcamos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario