
Ayer, y a pesar de los pronósticos catastrofistas de los meteorólogos, que fallaron como una escopeta de feria, nos fuimos de paseo.
Primero estuvimos por el paseo de la playa jugando en los columpios donde increíblemente no había nadie, todo para nosotras solas sin tener que hacer colas ni que te caigan otros bebés encima, ¡que bien!.

Qué complicado es andar por el suelo empedrado, he ido cogida todo el camino a las macetas y la gente me miraba como si me hubiera bebido dos biberones de más.
Tras tanto trote, paramos en un bar a hacernos un aperitivo y descansar un ratito.

¡Pedazo ancla llevan aquí los barcos!, creo que pasamos de bañarnos en este pueblo, por si acaso nos cae una encima.
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