4 de octubre de 2010

Mundomar 3


Lo mejor del día ha sido dar de comer a los pingüinos a los que sólo conocíamos por un peluche de mamá. Resulta que no viven en estanterías ni se alimentan de polvo, sino que nadan como pequeños torpedos y comen unas bacaladillas que nos costó mucho soltar de la buena pinta que tenían.
A mí me costó coger el pescao ese tan resbaladizo y tras varios intentos que casi acaban en el ojo de la señora de al lado, al final cayó al agua y se lo zampó un superpingüino que seguro que llevaba ya unos cuantos en la tripa cansado de esperarme.


Los delfines son como las focas pero mucho más rápidos, tanto que nos costó seguirles el ritmo. Menos mal que vino otro pez muy raro, con gafas y aletas que soltaba burbujitas por la boca que lo tuvo entretenido unos segundos delante de nuestra ventana





Inés flipó con el acuario, todavía hoy sigue con la boca abiera cayéndole la baba, por lo que le gusta el agua y sus bichos creo que será la sucesora de Cousteau.

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