Este año otra vez a dar el cante disfrazadas de paganas, menos mal que en el pueblo de los abuelos estuvo lloviendo y no salimos a la calle. Eso sí, al día siguiente nos llevaron a la cafetería más concurrida del pueblo y no veáis el cachondeo de la gente con nosotras.Por mi parte estoy muy contenta con la elección del disfraz porque el negro, la verdad, me afina la figura y a ver ahora quien se atreve a meterse con mi barriguita y decirme que no estoy en los huesos.

Pues a mí van y me ponen de calabaza, con lo cual parecía más bien una presa de Guantanamo con sobrepeso y encima las hojas de la cabeza picaban como el demonio y tuve que arrancarlas de cuajo en cuanto se despistaron mis padres. El año que viene definitivamente elijo yo disfraz, palabrita.
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