Lo que más nos impresionó fueron los elefantes. Cuando bajamos del coche nos fuimos a toda carrera a tocarlos, pero conforme nos acercábamos se hacían más y más grandes y acabamos agarradas al brazo de papá y mamá del miedo que nos daban.
Yo me metí con mi hermana Inés chinchándola que tenía lengua de jirafa.
Y ella se vengó diciéndome que tenía el culo de hipopótama. Grrrrrr.
Y aquí las tres valientes que esperan a que Marcos despiste al burro por delante para tocarle la punta del pelo a un metro de distancia. El susto cuando llegó a olernos el otro burro no sale, pero fue de infarto.
Al final del trayecto empezó a hacer frío y acabamos tomándonos algo calentito en la hoguera del restaurante.Tras entrar en calor nos fuimos al parque a columpiarnos. La verdad es que tienen unos cacharros la mar de originales, todo por duplicado como si estuviera pensado para nosotras, incluso el tobogán.
Lo hemos pasado genial, seguro que volvemos.








No hay comentarios:
Publicar un comentario