Ya de buena mañana, Eva estaba como loca por ponerse todo encima. Y es que Halloween es para Eva lo que Navidad para un monaguillo.
Este año ha optado por un look de vampira que yo creo que con un pequeño cambio de atrezzo puede servir también de pastorcilla para Navidad.
Al principio daba algo más de miedo con la sangre cayendo por los labios, pero de dos lametazos se la quitó y se quedó en una vampira vegetariana.
Yo, este año me he decantado por algo más colorido: de calabaza siniestra, que ya estaba un poco harta de colores oscuros que no me favorecen nada.
Y claro, con el miedo que dábamos todos disfrazados de esqueletos y vampiros, el águila del espectáculo se decantó por posarse en la calabaza que parecía la única que no le iba a chupar la sangre o llevarse su alma.
En el cole también tuvimos un día de Halloween donde todos nos disfrazamos de brujas y brujos, que es el tema del libro que ahora estamos estudiando. Parece que estamos en el colegio Hogwarts de Harry Potter.
Y para acabar la semana de Halloween, hicimos una cena de miedo donde Paloma trajo la tarta. No pudimos parar de tocarla y comernos los huesecitos del nido de vampiros cuando los mayores no miraban. Mmmmm.







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