Luego merienda para reponer fuerzas y seguir dando guerra.
Como no podía faltar en cualquier fiesta de chicas, hicimos una guerra de almohadas y nos metimos todas juntas en las camas de las invitadas.
Lo peor es que el tiempo nos salió muy malo, estuvo casi todo el rato lloviendo pero no impidió que saliéramos a la calle al día siguiente contra viento y marea.
Como la lluvia apretaba, nos fuimos a casa de unos amigos que viven cerca y tienen un montón de juguetes, sobre todo nos encantó la sesión de belleza de Barbies y las carreras de caballitos que no se movían.
También nos gustó el Scalextric viendo correr los coches a toda velocidad. Cuando salían volando nosotras los recogíamos. A Inés le chafó un dedo un Ferrari por meter la mano donde no toca.






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