Cuánto tiempo sin ir a un cumpleaños, lo menos mes y medio, teníamos ya mono de fiesta con los amigos. Esta vez le tocó a Álvaro cumplir sus 4 añitos y allí fuimos dispuestas a darlo todo.
Se veía venir que esa red no iba a aguantar mucho en la ventana. Sorprendentemente nadie salió rebotado volando, aunque faltó poco.
Después de tanto nadar y saltar, teníamos un hambre que nos hubiéramos comido hasta las servilletas.
Como siempre, las asistentes de regalos pegadas al cumpleañero a ver si en un despiste nos podíamos llevar algo a casa.





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