19 de junio de 2013

Cumplimos 4 años

Por fin llegó el día que hemos estado esperando desde los últimos 364, ¡¡¡nuestro cumpleaños!!!. Al igual que el año pasado, invitamos a nuetros mejores amigos del cole a nuestra fiesta. Qué ilusión, esta vez no ha faltado nadie ni por enfermedad, ni por olvido de mamá.

Este año, como somos mayores, ya no nos han metido en una pista americana porque la mayoría tocamos el techo con la cabeza y no cabemos bien por los huecos, ahora nos han metido en la zona de hinchables. El que más exito tuvo fue una enorme ballena que abría y cerraba la boca, parecía que se tragaba de un bocao a los pequeños pececillos que nos atrevíamos a subir.


Después de la paliza de subir y bajar por todos los hinchables, nos fuimos a reponer fuerzas con una merienda a la sombra, que estábamos ya torrados de estar al sol y sin beber. Eso hizo que no hubieran bajas por escapes de pis y todos llegáramos con la ropa interior seca como un bacalao.


Después de la merienda y de la oportuna visita al baño, nos fuimos de excursión al castillo rosa donde nos disfrazaron, pintaron y finalmente desfilamos para los papis y mamis.

Lo primero, una sesión de manicura y pedicura. La pobre chica se empleó a fondo después de una semana sin contarnos las uñas y con la laca naranja cascarillada desde hace 5 días.


Luego nos pintaron la cara. Más que princesas parecíamos una mezcla entre mapache y drag-queen, pero no nos importó porque nosotras 'antes muertas que sencillas'.



Y llegó la hora de elegir el traje en el inmenso vestidor, que parecía el de la Preysler y la Lomana juntos. Qué difícil decisión, nos gustan todos.

Y finalmente este fue el resultado......




Bueno, es cierto que para la Pasarela Cibeles todavía no estamos preparadas, pero en unos añitos cuando dominemos los tacones, que tiemblen las tops models.

Para la mayoría fue imposible menear el culo y aguantar a la vez coronas, sombreros, plumas y varitas por más que se empeñaran nuestros padres y madres.

Y tras el castillo rosa, a relajarse un poco viajando en tren por la selva africana. Por supuesto, ningún animal se atrevió a acercarse a nosotras con el careto que llevábamos.


Y, finalmente volvimos para comernos la tarta de cumpleaños y recibir mogollón de regalos de nuestros amigos.
Ha sido un día agotador pero genial.

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