10 de abril de 2013

Pascua en la ciudad

A la vuelta del pueblo, tocaba buscar entretenimiento en nuestra ciudad ¡y lo encontramos!. Lo cierto es que no ha habido día que no saliéramos en busca de gente y diversión.

Para empezar, nos fuimos a invadir la casa de Pere, que nos gusta mucho porque tiene jardín y montones de juguetes de sus sobrinos. Allí nos reunimos con nuestro amigo Jaime que se unió al saqueo de juguetes y comida.
Otro día mamá nos dijo que nos iba a dejar con una nani toda la mañana, y nos llevamos la mayor sorpresa de las vacaciones: era Lara, nuestra antigua maestra de la Escuela Infantil a la que adoramos. Además la íbamos a compartir con nuestras mejores amigas. Fue genial volver a estar con ella, Inés nunca se portó tan bien como esa mañana, le tiene un respeto...
Y como no podía faltar, un clásico, bajar a la playa con nuestros amigos del cole. Al principio todo  bastante tranquilo: castillos en la arena, tirarse del tobogán, jugar al balón...Pero no se en que momento todo cambió: comenzamos persiguiendo palomas, le destrozamos la cometa a otro niño mayor y acabamos haciendo la croqueta al borde del mar. Consecuencia: las mamis levantaron el campamento previa limpieza en lavapiés y reparto de ropa de cambio para todas las merluzas rebozadas.

Y para que veáis que no todo es fiesta y diversión sino que también cultivamos nuestra mente, el último día de vacaciones fuimos a la Biblioteca Municipal donde nos hartamos de sacar libros y hacérselos leer a mamá. La pobre acabó con la lengua como el esparto y se negó a seguir más.


Pero a grandes males, grandes remedios. Inés, que a morro y ligar no la gana nadie, se acercó a otro niño y le pidió que le leyera todos los libros que le iba llevando. ¡Y lo increíble es que lo hizo!, y es que con esa carita de ángel y esa caidita de ojos, no se le resiste ni uno.



Y tras fortalecer cuerpo y mente, tocaba el estómago.
Desde que llegó la Termomix, alias 'la maquinita', a nuestra casa es que no paramos, Inés y papá de cocinar y mamá y yo de comer.

Ya nada se les resiste: helados, galletas, pan, albóndigas... Nuestra perdición.

A la porra la operación bikini.

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