La primera atracción fue una especie de circuito para Marines americanos más que para peques como nosotras, pero como valor e imprudencia nos sobra, allí que fuimos trepando, saltando e incluso, como Inés, rodando por el tobogán.
Luego subimos a unas alfombras voladoras en las que nos metimos todos amontonados como sardinas en lata con tal de no separarnos y aquello sufrió lo suyo para alzar el vuelo.
Eva, prefirió la intimidad con su amigo Álvaro en una alfombra para ellos solos, ejem.
La subida a los ponys dejó clara nuestra pertenencia a la tribu de indias machuchís. Un estilazo al cabalgar que ni Pocahontas.


A la salida de la feria el grupo de go-gos nos subimos a una plataforma a mover el esqueleto y hacer las gamberras un rato, y todo gratis.
Y tanto jaleo tuvo sus consecuencias, Gabriel acabó llorando por el ataque furioso de las chicas ante sus golpes de globo. Al final hubo perdón y compensación con un beso de todas las chicas.
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