Al día siguiente mamá se empeñó en ir a ver las 9 esclusas de Fonseranes que, para su desespero, no tenían vallas y sí unos super agujeros como bañeras gigantes de bastantes metros de profundidad. Nos tuvo amarradas como leonas, todavía tenemos las marcas de sus zarpas.
La idea era coger allí un barco para recorrer al Canal du Midi, pero como era nuestro día de suerte, no había ningún barco porque se tomaban vacaciones justo ese día, ¡vaya, no podía ser otro!.
En fin, como somos cabezonas a más no poder, nos dirigimos a otro pueblo cercano para ver si nos alquilaban un barquito y ¡sí!, en Colombiers pudimos pillar uno eléctrico y navegar como bucaneras.
Ya sabía yo que tanto tocar los mandos del barco una y otra acabaría mal. Se nos ha cascado la batería y toca remar hasta que se cargue otra vez, grrrrrr. Cuando por fin se cargó, decidió reducir la marcha a 4 o 5 km/hora, con lo cual nos pasaban hasta las ranas. Al final llegamos a puerto 20 minutos tarde. En fin, toda una aventura.
Después de la gesta del barco, comimos, descansamos y por la tarde fuimos al Parque de los Poetas. Allí estatuas de poetas había muchas, pero vivos sólo quedaban patos y gatos que se encargaban de zamparse a los primeros al primer descuido. No nos extraña, con lo gordos que están dan ganas de hacerse un Magret y un Foie.
Al final del parque había una escalinata que llegaba a una estatua de un ángel victorioso, así que allí que nos fuimos en plan Rocky Balboa a lo alto de la escalinata como pequeñas triunfadoras, eso sí, nosotras subimos andando y luego nos sentamos que lo de subir y bajar corriendo era 'demasiao pal body'.
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