Al principio todo más o menos bien, pero en cuestión de minutos empezó a venir un río de gente y aquello parecía la peregrinación a La Meca, en este caso a la plaza de la Iglesia.
Las calles estaban muy chulas y en los balcones había sábanas con dibujos que no tardamos en criticar, porque en mi escuela pintamos cosas mejores. Si el artista nos llega a escuchar, fijo que se pasa a la brocha gorda.
Conocimos a unos cuantos perros por el camino: Churro, Pecas, Goliat... que nos dejaron tocarles el lomo y darles algún tirón de orejas.
Luego, nos hicimos un hueco en el mirador, aunque hay que reconocer que viéndolo cuadriculado por la barandilla pierde bastante. Luego huimos del gentío y nos fuimos a cenar a una terracita.
No hay comentarios:
Publicar un comentario