Aunque el proceso lo hicimos todos, hay que reconocer que Inés resultó ser una gran batidora de huevos y yo una gran amasadora y machacadora, somos el quipo perfecto.
Digo yo que el santo ese tendría buena dentadura porque buena estaba, pero más dura que una piedra, eso sí, mamá y papá disimularon y se comieron nuestros restos sin rechistar, ellos si que son unos santos.
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