
Y por fin el domingo lo celebramos, otra vez, con los amigos de papá y mamá. Lo pasamos genial, bailamos antiguas canciones que escuchaban ellos cuando eran pequeños, abrimos regalos, nos comimos la tarta de Eva y muchas porquerías más.

Eva se puso hasta las cejas de bocata de Nocilla.
Yo me dediqué a bailar como loca toda la música que ponían, por aquello de bajar lo del día anterior, pero nada, me he quedado igual, sigo sin verme el pañal.
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