Lo de caerse los dientes al principio está bien: eres la atracción del cole, el ratoncito Pérez te trae un regalo, todos te piden que se lo enseñes...pero lo de la pala hay que reconocer que es un poco más fastidioso: las palabras ya no las pronuncias igual de bien, sonríes menos para que no te entre algún bicho volador y, en general, es un poco más incómodo.
Pero al final todo es sacarle el lado positivo de las cosas y he descubierto que ya no tengo que abrir la boca para tomarme el batido con pajita, que los silbidos me salen mejor y sobre todo que puedo hacer pompas mientras me lavo los dientes.
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