No hay nada como abrir bien los pulmones y pegar un buen trago de oxígeno del bueno.
Hemos jugado a pillar por un prado de avena, pero ha durado lo que ha tardado mi hermana Eva en meterse un tortazo y llenarse de agua del rocío de anoche. Y es que nuestros pies no están muy acostumbrados a pisar tierra blanda, somos más de asfalto.
Luego, nuestros culos se han encargado de limpiar de polvo y telarañas los columpios que hay en esta pinada. Yo no se cómo todavía no nos han llamado de un anuncio de esos de detergente que quita manchas imposibles, somos las protagonistas perfectas.
Y tanto jugar y tortazos varios, ha reclamado que papá viniera con el coche escoba a recogernos, ya no había fuerzas para volver con el patinete.
Lo mejor de los pueblos es que allí nadie hace caso de la mayor parte de las normas que hay en la ciudad, así que hemos aprovechado y nos hemos colado en el asiento delantero del coche de papá, que nos hacía mucha ilusión.
Madre mía, esto sí que es alucinante, un árbol rosa. Guaaaaaau.
No me lo puedo creer, no me dejan entrar a la ermita en patinete, pues nada, me quedo en la plaza dándole vueltas. Para la próxima que pongan un parking si quieren captar pequeñas feligresas.
Las naturaleza y el campo están muy bien, pero donde esté un buen bar con sus tapitas y refrescos que se quiten los hierbajos.
Y ya de vuelta a casa, hemos pasado antes por casa de nuestro amigo Mauro para medirnos unos trajes, y de paso nos ha presentado a su gata y a sus tres bebés. Oooooh!, nos encantan.
No hay comentarios:
Publicar un comentario