El día antes nos fuimos de reconocimiento de la ruta, que mamá no estaba convencida de que supiéramos llegar a puerto sin pasar antes por varias comarcas.
Y por fin llegamos a la ermita de Sant Vicent donde estaba la llegada, y para postre allí había hinchables, tiendas de chuches, camas elásticas y un bar para comer. Vamos, que la fiesta promete.
Bueno, el día de la carrera llegar, llegamos, pero con un poco de retraso porque Inés quiso parar dos veces a vomitar y mamá decidió aparcar en un sembrao del que ni entrábamos ni salíamos. Al final, mamá se quedó con varios señores del pueblo y con la policía intentando sacar el coche de allí y nosotras a la meta con el papá de nuestro amigo Gabriel. Lo que no nos pase...Finalmente, todos pudimos tomarnos un tentempié en la meta, que falta nos hacía.



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