28 de febrero de 2014

Escapada a Valencia

Aprovechando los días libres de la semana blanca, hemos hecho una escapadita a 'la capi' y así gastar las 4 entradas para ver Disney on Ice que nos tocaron en un concurso y alguna sorpresa más.

Lo primero fue ir al hotel donde montar nuestro centro de operaciones. Al entrar nos llevamos una gran sorpresa: ¡literas!. Nunca nos las habían puesto y nos lo pasamos genial subiendo y bajando la escalera y aprovechando las vistas de la tele que se tienen desde la cama de arriba.

Tras soltar ropa, comida, juguetes y Dios sabe cuántas cosas inútiles más, nos cambiamos para irnos al espectáculo de Disney. Mi hermana Inés, como no podía ser de otra manera, dio que hablar fuera y dentro del recinto. Fuera porque a la entrada va y se le cae el diente que se le movía y dentro porque decidió ver el espectáculo en las escaleras moviéndose todo el rato de un sitio a otro. Le faltó bien poco para sentarse en el brazo de una abuela americana que había al otro lado del pasillo.

Tras del espectáculo, nos volvimos al hotel, visto que lo de jugar en los parques cuando anochece no es como en nuestro pueblo. Allí hay gente que vive debajo de los columpios entre cartones y mantas y no quisimos molestarles.

Al día siguiente nos fuimos a ver una película 3D en un cine muy especial, por fuera era como un ojo gigante y por dentro la pantalla era redonda en vez de plana. Nos pusimos las gafas y alucinamos, todo era como si volara a nuestro alrededor y no paramos de extender los brazos intentando cogerlo todo.

Luego fuimos a otros edificios raros que habían por allí. Que mira tú que debe ser difícil hacer esas casas tan raras, con lo fácil que son las nuestras modelo caja de zapatos. Así les va, estaba todo llenos de parches y señores arreglando cosas.

En los otros edificios raros había montones de peces de todos los tamaños y colores, pero nosotras lo que queríamos ver eran los tiburones, a pesar de que cuándo los vimos nos dieron ganas de salir corriendo. Mi hermana Inés no paraba de taparse los ojos cuando se acercaban. Menos mal que había cristal que si utiliza esa técnica en mar abierto nos comen al primer bocao.


Y tras agotarnos de ver tanto pez, nos fuimos a un parque donde había un hombre gigante tirado en el suelo, que digo yo que como ya estaba tieso y no había manera de moverlo, decidieron ponerle unos cuantos toboganes y cuerdas para aprovecharlo los más peques de la ciudad. La verdad es que les ha salido una cosa muy 'apañá'.

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