17 de septiembre de 2012

Boda del primo Fran y María

Este fin de semana hemos estado en Jaén en la boda de un primo de mamá. Nos hacía mucha ilusión ir ya que nos asignaron la difícil misión de ser las damas de la novia y, según mamá, eso suponía acompañarla hasta el altar y llevar una cesta con flores o lo que nos asignaran marcando el camino. Todo eran dudas ¿y si nos perdemos por la catedral y nunca encuentra al novio?¿y si tiramos mal las flores y se mete un tortazo?, ufff, ¡qué tensión!.

Al final tuvimos que compartir la cestita con pétalos de rosas mi hermana y yo y milagrosamente no nos peleamos y acabamos a tortas por llevarla.










Tuvimos a un chico de compañero que llevaba un montón de monedas súper chulas, vamos, que si soy yo salgo pitando y me las llevo para comprarme un montón de chuches en la esquina.


Al final nos colocaron en primera fila, así que no pudimos portarnos muy mal porque nos tenían vigiladas: delante los novios y familia y por los lados nuestras madres. Sólo pudimos jugar a tirar los pétalos al suelo y hacer montoncitos y darles patadas.







Vaya casita chula que tiene el cura, esta es mejor que la de Hello Kitty que anuncian en Juguetilandia.

A la salida de la capilla, allí estábamos dispuestas con nuestras flores y bolsa de arroz ¡de colores! para tirar a los novios. Y cuando por fin salieron, nos despistamos con los petardos y papelitos de colores y se nos olvidó todo, así que mañana nos toca paella de colorines con pétalos de rosas, mmm.



Y tras acabar la ceremonia y dar varias vueltas a Jaén buscando el sitio, por fin llegamos al sitio donde comer y montar la fiesta y el jaleo.

En el jardín donde tapeamos había unas manzanas gigantes de mimbre donde descansamos de nuestro duro trabajo matutino, esto sí que es vida: un refresco en una mano y el ipad en la otra en una cama redonda escuchando los pajarillos, ahhhh, me quedaba aquí a vivir.
Luego al salón donde comer ¡todavía más!. Mientras, entre plato y plato salíamos a pasear por los exteriores que estaban muy chulos llenos de jardines, fuentes y gatos con los que jugar.
Y después de comer, ¡ a la fiesta!.

Fue todo un detallazo que nos pusieran primero música de peques mientras los mayores acababan el café, lo pasamos genial con el resto de la corte de honor bailando y compartiendo chuches.
Al final caímos rendidas en el coche y es que tantas horas de fiesta han podido con nosotras. Mañana será otro día, esperamos que más tranquilo que los últimos 30 que llevamos.

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