El sábado, como estabamos cansadas de hacer la compra por la mañana, pasamos de cocinar y nos fuimos al Restaurante de nuestro compi Marcos pero ohhhhh, no estaba, así que nos dedicamos a dar 'la brasa' al resto de comensales, antes del segundo plato ya nos conocían todas las mesas, niños y perros incluídos.
Las paredes de mentira son ideales para jugar al escondite, eso sí, tenían un agujero a la altura del culo que no facilitaba las cosas.
Luego, paella rica, rica, con su limoncito y todo que acabó en el ojo de mamá, eso le pasa por pesada, ¡hay que ver, todo el día con el ojo puesto encima mía!.
Al final entre los 4 mayores y nosotras nos zampamos 2 paellas, bufff, habrá que compensarlo con levantamiento de biberón o sillón ball.
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