Llegamos a la sala de fiestas y la tensión se palpa en el ambiente. Esperando entre bambalinas todos estamos muy concentrados esperando el gran momento, sino de qué ibamos a estar todos sentaditos y calladitos.
Y por fin salimos a escena... .
Inés, nada más entrar, intentó ser el centro de atención de la sala así que rápidamente se la llevarón a una esquina, pero ni por esas, ella erre que erre acercándose a la gente para dar la nota.
Desde luego que aprovechó bien sus minutos de gloria, al día siguiente todos hablaban de ella en el cole.
Yo por mi parte creo que tuve una actuación impecable, de hecho creo que fuí la única junto con las maestras que hizo la coreografía ensayada, el resto o estaban en el grupo del Museo de Cera, parados como estatuas, o en el grupo del patio de manicomio liderados por mi hermana Inés, dando tumbos arriba y abajo haciendo lo que les venía en gana.
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