
Aprovechando que después de la tempestad llega la calma, el domingo salimos a contactar con la madre naturaleza. Primero hemos arrancado unas cuantas flores que todavía se atreven a salir, ¡con la de gamberras que andan sueltas por ahí!.

Luego hemos descubierto que todo el paseo estaba lleno de unas bolitas marrón claro. Al principio era divertido darles patadas, pero cuando papá nos ha dicho que eran nueces y que se comían, la cosa ha cambiado. Como si fueramos dos ardillas preparando la hibernación, nos hemos puesto como locas a recogerlas en el carrito, tanto que se ha convertido en una competición entre hermanas.

Visto que mi hermana Eva me iba a ganar la partida y que había un señor guiri haciendo la misma faena, he sacado mi mejor sonrisa y mi caidíta de ojos para sacarle hasta el higadillo al pobre hombre, vamos que he sacado el doble de nueces que mi hermana sin hincar el lomo.
Lo peor es que mi hermana Eva ha ido después y ya le ha terminado de expoliar lo poco que le quedaba. Pobrecillo.
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