
Llega el domingo y nos asalta la gran duda: playa o piscina. Decidido: por la mañana playa para juguetear con la arena, y por la tarde piscina para seguir perfeccionando nuestro estilo con los manguitos.

Ale!, de vuelta a casa tras el cachondeo generalizado de todas las personas que nos veían con nuestros ponchos. No entendemos nada, ¿acaso no estamos monísimas?.
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