Luego, aprovechando los carteles de publicidad, nos hemos divertido haciendo nuestro propio circuito de obstáculos, sorteando las cadenas. La última nos obligaba a ir a gatas, no veáis lo negritas que nos han quedado rodillas y manos. Y por la tarde de paseo y a tomar un heladito al centro con nuestro amigo Jaime que vino con sus papás, y la tía Maribel que la pobre no da pa sustos con tanto peque tambaleándose.
Luego a casa de los abuelos a pasar el resto de la tarde persiguiendo a los gatos y huyendo de la tortuga que con el calor ya ha cogido velocidad. Uff, que largo y agotador domingo.
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