
El domingo, como salió un día estupendo, nos fuimos a Terra Natura a ver animalillos.
Primero pasamos por unas salas muy oscuras llenas de bichos venenosos que según dicen, si te pican duele mucho o directamente te salen alitas y vas al cielo.
Luego pasamos por un camino lleno de monos y pájaros que la verdad, debían estar acatarrados porque no cantaban muy bien, pero sus colores lucían mucho.

Eva sigue con su manía de ir corriendo a todos lados

a lo Forrest Gump y claro, por muy gordo que fuera el pájaro, ni se enteraba de que lo tenía al lado, y la verdad, casi mejor así para el pájaro.

Al final, tanto correr dió sus frutos y cayó agotada en el cochecito durante una larga hora, así que aproveché para jugar con papá y mamá por una vez en exclusiva subiendo por un supertobogán.
Pero lo bueno no dura siempre y se despertó para no parar de subirse a todas las piezas de adorno que ponía "No subir, gracias" y a meter mano a todo lo que ponía "No tocar" y yo por supuesto, también.

Tras sufrir durante la comida al mariachi cantando rancheras subido en un caballo, bajaron una piñata. Como Eva no se animó apabuyada por la pequeña marabunta, yo me subí al brazo de mamá y me hice con el palo para arrearle tres castañazos, aunque la exposición pública me costó tener que devolver el Pikachu que me había encontrado, jo.
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